S E R Y N O S E R


17 - 11 - 2010
Rescatar a Irlanda, pero no a sus élites
Con la crisis de la deuda irlandesa como punto principal en el orden del día en la reunión de ministros de finanzas en Bruselas, el columnista irlandés Fintan O’Toole advierte de que el rescate de este país paralizado económicamente no funcionará si no se complementa con una reorganización de sus instituciones políticas.

El rescate de Irlanda, ocurra cuando ocurra, no es simplemente un momento decisivo en nuestra historia. Es también un momento crucial para la Unión Europea. La gestión de la Unión Europea con respecto a este pequeño Estado moroso será la mayor prueba para esclarecer si la UE sigue siendo un proyecto político y social, basado en el legado de la Segunda Guerra Mundial, o si simplemente es otro instrumento para los intereses de los ricos.

Independientemente de lo que diga el gobierno (¿acaso hay alguien que aún le crea?), la pregunta clave sobre el rescate no es cuándo ocurrirá, sino cuáles serán sus condiciones. ¿Con qué tipo de interés? ¿Durante cuánto tiempo tendrá que devolver Irlanda el dinero y alcanzar el mítico objetivo del 3 por ciento de déficit presupuestario?

Puede que estas cuestiones parezcan aspectos técnicos fiscales. Pero en realidad son asuntos políticos y morales. Afectan a la esencia del proyecto europeo. La UE existe tras aprender una lección del modo más espantoso posible, con el ascenso de la barbarie y el conflicto más destructivo de la historia mundial. Dicha lección es muy sencilla: el interés nacional de cada país europeo está vinculado al bienestar de los demás países europeos. O por decirlo de un modo más directo, a nadie le interesa ver cómo un vecino estalla.

Como prestamista, Alemania también es responsable

El país que mejor lo sabe es precisamente el que ahora tiene nuestro destino en sus manos: Alemania. Los alemanes han vivido dos experiencias opuestas de lo que le ocurre a un país cuando adopta un comportamiento vergonzoso.

Al final de la Primera Guerra Mundial, se decidió que deberían ser castigados para que aprendieran la lección. Todos conocen el resultado: una Alemania peligrosa y demente. Así pues, al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania se comportó de un modo incluso más atroz, la tentación fue castigarla con más severidad. El impulso inicial fue inmovilizar y bloquear a Alemania, una respuesta perfectamente justificada. Pero se impusieron la memoria y la sabiduría. Y en lugar de bloquear al país, se ayudó a Alemania a recuperarse.

Estamos demasiado débiles como para recibir un golpe fuerte. No necesitamos castigos, necesitamos ayuda. Y la propia Alemania no está libre de pecado. Sin duda la crisis es culpa de nuestras propias idioteces internas. Pero los bancos alemanes fueron nuestros prestamistas más entusiastas en los años de prosperidad. Y Angela Merkel nos podría haber ahorrado muchos problemas si hubiera dicho en septiembre de 2008 lo que dijo la semana pasada sobre los titulares de los bonos que deben compartir el dolor. El descubrimiento de Alemania de la locura de los rescates bancarios llega un poco tarde para nosotros.

Los valores de la Unión, en juego

Sin embargo, la pregunta fundamental va más allá de los culpables y recae en los fundamentos esenciales de la propia UE. Están en juego sus bases del interés propio ilustrado, la solidaridad, la igualdad y la justicia. Castigar a los irlandeses y en especial a los más vulnerables, que serán los más afectados con la destrucción de los servicios públicos, sería una estupidez desde el punto de vista económico. Pero también socavaría la afirmación de la UE de tener unas bases morales y no simplemente pragmáticas.

Sin embargo, la otra parte del trato es igualmente importante. No tiene sentido que nos rescaten si el único fin es mantener los sistemas y la cultura política que han creado este lío. La UE podría terminar con nuestras deudas de un plumazo y acabaríamos con otra crisis en 10 años. Por decirlo crudamente, somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos con nuestra actitud y nuestras instituciones actuales.

Por ello, la otra parte de un rescate lógico y justo, con tipos de interés bajos y un plazo de 10 años, es una revolución en nuestras instituciones públicas, en la moral pública y en los sistemas de gobierno. Un contribuyente alemán tendría razón al concluir que si rescatas a gente que no ha aprendido nada de las consecuencias de sus propias acciones, asumirá que les sacarán las castañas del fuego una y otra vez.

Por ello, la otra pregunta que debe plantearse la UE es la siguiente: ¿se trata de rescatar a un país o a un sistema inútil de compinches y de política inepta? Si la respuesta es la primera opción, la UE habrá superado una prueba clave. Si es la segunda alternativa, los alemanes harían bien en guardarse su dinero en el bolsillo.

Fintan O'Toole
Enlace de Web Emisora: www.presseurop.eu
 
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