S E R Y N O S E R


13 - 10 - 2008
Los jóvenes vuelven a casa (¡y acababan de irse!)
Tienen más de 30 años y se fueron de casa hace ya tiempo. Unos, para estudiar; otros, para trabajar. Pero la crisis les ha devuelto al hogar. Y los que ya habían fijado fecha en el calendario para seguir sus pasos han acabado por desistir. El aumento del paro y el cierre del grifo bancario a los préstamos para comprar un piso o poner en marcha un negocio les han obligado a aparcar sus planes. Y eso ocurre en un país en el que la emancipación siempre ha sido tardía.




Desde 1977, y durante casi 25 años, el número de jóvenes que abandonaba el hogar familiar fue cayendo en picado hasta 2001, cuando se instaló la bonanza económica. Sin embargo, el proceso empieza a invertirse de nuevo, y muchos jóvenes se ven obligados a empaquetar sus cosas y volver a casa de sus padres. ¿Es la crisis actual un nuevo punto de inflexión que obliga a los jóvenes a aparcar sus proyectos de abandonar el domicilio familiar?




A los 35 años, Marc Solsona por fin había conseguido encontrar un piso que podía pagarse sin tener que aplicar recortes demasiado severos a sus gastos de ocio y transporte. Lo hacía tarde, entre cinco y seis años después que la media de jóvenes españoles, y tras sopesar compartir piso con unos amigos en Barcelona. Al final halló uno en Terrassa, cerca de casa de sus padres y de la empresa donde trabajaba como comercial en una inmobiliaria. No le iba mal, hasta que la crisis del sector lo dejó en el paro. "He renunciado al piso cuando ya lo tenía todo. Otra temporada en casa de los padres...", se encoge de hombros.




La emancipación de los jóvenes depende sobre todo del trabajo y el acceso a la vivienda. Durante la expansión económica de los últimos seis años el porcentaje de jóvenes que se emanciparon pasó del 35,1% de 2002 al 44,9% de 2007, de acuerdo con los datos del Consejo de la Juventud de España (CJE). En esos años, la tasa de paro descendió hasta el 10,5%, a pesar de que se mantenía una elevada temporalidad, puesto que casi el 42% de los jóvenes tenía un contrato eventual.




El regreso a casa se explica, en parte, porque el proceso de independización fue precario. El vicepresidente del CJE, José Luis Arroyo, asegura que estuvo muy ligado a la inmigración. Esto explica que entre 2005 y 2006 el número de jóvenes independizados creciera en un millón de personas por el proceso de regularización que emprendió el Gobierno en 2005. "A partir de 2007 empezamos a notar una desaceleración ya del fenómeno emancipatorio, e incluso bajó en algunas comunidades. La tasa creció sólo un 2,8%, cuando años antes lo hacía a un ritmo del 5%", afirma.




La población de menos de 30 años fue la primera que sufrió el parón económico. En el segundo trimestre había 57.800 personas ocupadas más. Sin embargo, en los segmentos de entre 16 y 29 años había 302.100 menos, según la Encuesta de Población Activa de Instituto Nacional de Estadística (INE). "Son los primeros en pagar el pato. Y las entidades financieras no conceden hipotecas para adquirir una vivienda aunque sean fijos, puesto que son los más susceptibles de quedarse en el paro", sostiene Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona.




El esfuerzo económico que han tenido que realizar para adquirir o alquilar una vivienda ha sido durante los últimos años el principal escollo, junto al empleo, para irse de casa de los padres. Y ahora que escasean los créditos, todavía más. Sobre todo es difícil cuando un joven no tiene pareja y no puede compartir el pago de la hipoteca.




Según un informe del CJE, un joven debería dedicar un 83,8% de su sueldo para hacerse con una vivienda con un precio medio 210.140 euros en España, mientras que una pareja tendría que destinar el 51,2%. Ambas proporciones están muy lejos del porcentaje de entre el 30% y el 35% que administraciones y entidades financieras consideran que una unidad familiar puede asumir sin poner en riesgo su economía. En algunas comunidades, el sacrificio es mayor. Un joven madrileño no tiene suficiente con su renta (necesita el 101%), mientras que uno catalán requiere del 91,7%.




El esfuerzo que deben hacer los jóvenes ha ido creciendo a un ritmo parecido al encarecimiento del precio de la vivienda. En 2005 una pareja podía permitirse apartar un 35% de sus ingresos para dedicarlos al pago de las cuotas hipotecarias. Y ese mismo año un joven podía disponer de la mitad de su sueldo para otras cosas. A partir de ahí, ya no. Y ello a pesar de los productos financieros destinados casi específicamente para jóvenes que lanzaron las entidades financieras en pleno boom inmobiliario: hipotecas a 50 años, baratas y casi a medida. "El aumento de precios de los pisos, que ha llegado a niveles altísimos, ha afectado más a la gente que tenía que entrar en el mercado por primera vez", asegura Roger Soler, coautor del estudio La emancipación precaria, publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).




El alquiler ha permitido hasta ahora que las parejas jóvenes pudieran irse de casa. Pero no a los que vivían solos. La ventana a la emancipación ha sido compartir piso, que ha dejado de ser cosa de estudiantes. El portal inmobiliario Idealista.com señala que la edad media de los que comparten piso en las grandes ciudades es de 27 años. Por una habitación, en Madrid y Barcelona se pagan unos 375 euros. Muy caro para Albert López, barcelonés de 26 años. Abonaba cada mes 420 euros con los gastos aparte, y no le salían las cuentas. A este lingüista, la beca que recibe cada mes como investigador no le permite llegar a fin de mes. "Al final, he decidido volver a casa de mis padres. Es cansado porque tengo que ir y volver cada de Rubí a Barcelona, pero no voy apurado", afirma. Bernardos, especializado en vivienda, corrobora este proceso, y añade que incluso muchas parejas han tenido que recurrir a él. "Alquilaban o bien habían comprado un piso, y ahora no llegan", señala.




Roger Soler, investigador del Centro de Investigaciones Sociológicas, opina que las administraciones han dejado que los mercados laboral y de la vivienda hayan acabado por precarizar la emancipación. "Está claro que si durante el periodo de expansión económica más jóvenes pudieron irse de casa, es lógico que ahora el proceso vaya en sentido contrario", asegura. Soler recuerda que, a diferencia de años atrás, el proceso de independización de los jóvenes ha perdido "linealidad". Antes se pasaba de los estudios al trabajo, y eso iba ligado con el abandono del hogar de los padres. "Eso ahora ya no es así siempre. El joven se va a estudiar a la ciudad, allí no encuentra trabajo, vuelve a casa, luego a estudiar... El proceso se hace reversible", afirma.




La precarización tiene mucho que ver con el modelo de ayuda a la emancipación de los jóvenes en España. Hay la renta básica para el alquiler, que todavía está arrancando, pero más allá de esta subvención no hay un sólido modelo de apoyo como en los países nórdicos o del centro de Europa, con una amplia oferta de ayudas. "En España y países de nuestro entorno como Portugal o Italia la familia tiene un peso importante. Pero también es cierto que el Estado del Bienestar es más débil que en otros estados", dice Arroyo.




La familia ha asumido a largo de la historia en España el papel que en otros países han desempeñado las administraciones. Coincide en este diagnóstico Roger Soler, que apunta que, de nuevo, esto vuelve a provocar que la marcha del hogar sea más débil. "En los diversos modelos del Estado del Bienestar hay tres agentes para proveer de sus necesidades al joven: el mercado, el Estado y la familia. Y España ha optado por dejar que sea la familia quien se encargue de eso, lo que dificulta más la emancipación", apunta Soler.




Los sindicatos han denunciado en numerosas ocasiones el fenómeno de los mileuristas, aunque últimamente han optado por referirse a los jóvenes con este salario como semiemancipados, puesto que todavía dependen económicamente de la familia. Un informe elaborado por UGT de Cataluña, por ejemplo, señala que el 57% de los jóvenes necesita recursos de la familia. Y otro centrado en la ciudad de Barcelona del catedrático de Economía Política de la Universidad de Barcelona, Antón Costas, revela que entre el 25% y el 30% de los jóvenes que residen en la capital catalana no pagan nada por el alquiler o la hipoteca. La razón es que son las familias quienes lo asumen.




La familia permite ahorrar tiempo y dinero. No sólo da cobijo. Muchos jóvenes también van a comer allí, a lavar la ropa los fines de semana, los padres ayudan a pagar los estudios... Es un gran colchón, pero menos flexible en un país en el que las familias se han endeudado en los últimos siete años a un ritmo del 15,5% cada año, frente a un crecimiento de la renta disponible de los hogares del 7%, según Caixa Catalunya. Además, el segundo trimestre se cerró con 553.900 familias en las que todos sus miembros están el paro, 41.300 más que en el periodo de enero a marzo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística.




A todo esto se unen los créditos que muchos jóvenes ya habían solicitado, ya sea para adquirir un coche, electrodomésticos, muebles, para pagar estudios o para viajar. Los préstamos son un lastre para solicitar otro para su emancipación, tanto si es para comprar una vivienda como si es para montar un negocio.




Las ayudas al alquiler y algunos créditos que ofrecen las comunidades autónomas son apenas un bálsamo. Sin embargo, desde el Consejo de la Juventud de España se denuncia una falta de coordinación entre comunidades, algunas de las cuales todavía van atrasadas en las concesiones de la renta de 210 euros para el alquiler.




Fuentes del sector inmobiliario insisten en que la medida es inflacionista, justo cuando empezaba a verse un descenso casi inédito de los alquileres. Sindicatos y organizaciones sociales piden más músculo financiero para favorecer la emancipación de los jóvenes. Hasta que llegue, los familiares les dan de nuevo la bienvenida a casa.
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